12/06/2014

2001, Odisea en la Euskal Trail ... por Lolo Díez

2001, Odisea en la Euskal Trail ... por Lolo Díez

Gaizka Broullón “Akele” ha sido y es un referente en esto de correr por el monte, es más cuando yo andaba en pañales deportivos trailruneros, él ya estaba haciendo grandes carreras y ultras antiguos por Pirineos y Alpes, es más, lo hacían todavía en zapatillas blancas, de esas de correr toda la vida. Cuando coincidí con él en el  Club Tierra Trágame, para mí era alguien a quien escuchar, sus batallas, sus guerras que junto a Berrio o Santi Díez habían llevado a cabo, tanto su Swiss Jura, o la Transaquitanía, carreras míticas parcialmente desaparecidas, o la misma Citadelles. Oírle tanto,  hizo que me pusiera a entrenar, porque sí, decidimos ir juntos a la Transalpine-run en 2010, y tenía que estar a su altura. Pero siempre mencionaba una carrera con cierto cariño, probablemente sería porque sufrió como un perro y visto los tiempos, no es de extrañar. Me hablaba de un tal Euskal Raid, una carrera por parejas de 4 días, por barro,  praderas  y mucho desnivel. Fue en 2007, y junto con Santi Díez completaron esta dura carrera con un tiempo de casi 33 horas, lo que me hizo pensar que yo allí quería estar. La EUSKAL TRAIL.

Desde el 2007 y exceptuando el 2010 se ha repetido esta prueba, pero cada cual con un formato diferente. Se ha pasado de la carrera de 4 días a las 3 pruebas actuales, un ultra y 2 por etapas: 130 Km, 2 x 40 Km y 2 x 25 Km, de tal manera que el abanico de corredores podía ser mayor. Y así fue, más de 2000 corredores nos reunimos en Saint-Etienne-de-Baigorry en Aquitanía, en la provincia histórica de la Baja Navarra. 

Esta vez mi pareja iba a ser Oswaldo Rivera, en el que yo confiaba mucho. Confiaba que si salía conmigo y se regulaba no iba a explotar y podía hacer una carrera fabulosa, como así hizo. Y la distancia elegida, fácil, dos etapas de 40 kilómetros y 2.000 positivos por cada una de ellas. Tenía como curiosidad el que salíamos ambas etapas desde Uripel y acabábamos siempre en Baigorri, pero el primer día íbamos por un lado del valle, y al día siguiente por el contrario. Luego Uripel se encuentra a más altura que Baigorri, por lo que ambos días el desnivel negativo será mayor que el positivo, lo que para unos es bueno, y para otros sería un infierno.

2001, ODISEA EN LA EUSKAL TRAIL

Nuestro dorsal el 2001, un dorsal hermoso, que nos recordaba a esa película extraña y nihilista de Kubrick, 2001, Odisea en el Espacio. Algo que a mí me motivaba, porque yo soy muy “de números” de su significado, y bueno un número feo me da mal rollo.

Etapa 1:

A las 05:30 teníamos que coger un autobús que nos llevara a la salida en Uripel, un poco temprano  pensando que la salida era a las 7 de la mañana y a esas horas hay mucho que vaciar en la tripa. Llegamos a Uripel y en el frontón (Aquí todos los pueblos tienen un frontón en condiciones) hacen el control de material (nos obligaban a llevar bastantes cosas, y la verdad que muchas imprescindibles, excepto el agua, que con la que estaba cayendo solo con abrir la boca era suficiente). Y a las 7h salida, así como por sorpresa y nos pilla un poco a todos descolocados.

Por allí andábamos varios españoles, como The Obaya Brothers (Santi y Samuel),  Jorge Solé (mi compañero en la Transrockies) y Manuel Jiménez, estábamos así como de cháchara. Poco a poco Oswaldo y yo cogimos ritmo y nos pusimos en el grupo de cabeza que lideraban unos franceses seguidos de los Obaya.  Las primeras rampas no son muy duras y se pueden correr, nosotros aprovechamos para quedarnos poco a poco. Nos encontramos bien, pero vete tú a saber, quedaba mucho por delante. Así como en el kilómetro 7 las rampas comienzan a ser muy duras, y Oswaldo pone sus bastones OS2O de última generación a arder y llegamos al punto más alto de las 2 etapas muy bien situados. Hacía mucho frío, entre la niebla y la lluvia el cuerpo se quedaba congelado, al borde de la hipotermia, y la única manera de combatirlo era ir aún más rápido, tras llegar al pico comenzamos un descenso frenético por las praderas que caracterizaban este paisaje. Aunque este año he entrenado mucho por praderas en Asturias eso no evitó que no nos pegáramos unos cuantos culetazos. Antes de llegar al primer avituallamiento nos encontramos un tramo técnico y precioso dentro de un bosque. Llegamos bien al avituallamiento y a partir de ahí casi hasta el 30 un rompepiernas por praderas, yendo de un lado para otro. Por detrás la gente venía muy fuerte, vascos y franceses zapatillean mucho por este terreno y en un momento 3 equipos nos dieron caza. Un equipo de vascos especialmente nos llamó la atención, a través de su mochila de una marca francesa se podía ver lo que era su alimentación, y llamaba la atención el ver un… HUEVO DURO, Olé! Sus cojones!

Pasado el segundo avituallamiento se cogía una pista y Oswaldo y yo nos enchufamos un poquito, íbamos en séptima posición, y estábamos muy bien de piernas. La pista iba por un bosque entre niebla y lluvia, y nosotros, repito, íbamos muy bien. Nos cruzamos con u par de paisanos, uno resultó ser un guarda forestal del Gobierno de Navarra, y asombrado nos preguntó que de dónde veníamos y le explicamos un poco, continuamos y fue cuando nos percatamos que no había ninguna marca. Bien, con lo bien marcado que está llegamos nosotros y nos perdemos. Marcha atrás y 400 metros vemos un desvío que salía de la pista y se metía en un sendero. Fastidió un poco, y me enchufo más todavía, y ya me doy cuenta que nos habían adelantado, al menos un equipo, le cogemos y seguimos. Yo no me percato, pero estamos en un bosque de haya embarrado hasta las orejas, por un sendero en el que un resbalón te lleva hasta el abismo. 

Sigo enchufado, ya en llano vemos a otro equipo, tiramos a por él. Les cogemos  llegamos al último avituallamiento y comienza la última subida, miramos para atrás y vemos al equipo que acabamos de pasar y a Jon Millan y su compañero que viene bastante rápido. Ahora el que se pone ciego es Oswaldo, y me saca de ritmo. Es un sendero que pica para arriba y embarrado, el sueño de cualquier percherón como yo. Funciona, funciona, no viene nadie por detrás y comienza la última bajada. Vamos rápidos, comenzamos a adelantar corredores de la corta y el tema se pone peliagudo, el sendero es estrecho y se hace arriesgado. Vemos a uno de los equipos que nos precedía y uno de ellos va tocado, y claro, eso es como el Lobo que ve al corzo cojo, pues nada a verlos venir. Pero les cogemos justo entrando en Baigorri, y HOSTIAS nos esprintan, y a mí me sacan… Finalmente OCTAVOS en la Etapa con 4 horas  39 minutos, y de 2.000 positivos nada, al final 2.200 positivos y 2.600 negativos. La etapa se la llevaron los Obaya con 4 horas y 10 minutos.

La cena en otro inmenso frontón con todos los corredores, y en contra de nuestras predicciones muy bien organizado y muy buena calidad, con embutido, arroz, ensaladas, pastas, quesos, vino… ñam ñam 

Etapa 2:

Yo seré imbécil pero a mí me encanta eso de levantarme con las piernas reventadas y decir, hostias, otra etapa. Lo único que me fastidiaba era el horario, yo soy “muy de costumbres” y mi vaciado es sagrado a ciertas horas por lo que me pongo nervioso, muy nervioso. Habitualmente la gente calienta y hace esprintes para sentir las piernas bien. O lo hago en busca de escondites, de intimidad, de lugares apropiados para dejar una muestra de mi humanidad.

7 de la mañana y esta vez no nos pilla de sorpresa. Se sale despacito, o bueno, a un ritmo más tranquilo que el primer día. Lógicamente, todos llevábamos más de 3 horas de monte duro en las piernas. Esta primera etapa supuestamente tenía menos desnivel que la anterior. Ya en la salida los 10 primeros equipos formamos un pelotón. Cogen un poco de distancia los 4 primeros, hasta que nos metemos en una subida por un barrizal alucinante. La Ultra Trail había ya pasado por ahí, y claro fueron 700 corredores que habían dejado el camino para plantar patatas. Llegamos hasta una pista en la que había marcas de la carrera, pero DESAPARECEN.

Retrocedemos todos, y nos damos cuentas que no hay banderines azules desde un punto (Los banderines azules diferenciaban la Ultra de la nuestra), los banderines dejaban paso a las cintas naranjas y las cintas daban paso a una pradera inmensa metida en la niebla. Vemos a los primeros desaparecer por un lado de la pradera, pero no sé por qué motivo nosotros no lo hacemos, y como en toda emergencia nos agrupamos y se comienza a buscar un líder, a alguien a quien seguir. Llevamos 5 kilómetros, y nos quedan supuestamente otros 5 para llegar al avituallamiento. Bajamos, subimos, todos en manada, llega otro pequeño grupo y somos unos 20 equipos. Entonces en un momento llega el pánico, eso significa que cada uno basa su tiempo en su propia supervivencia, todos deciden bajar, por un lado o por otro, y yo como soy como soy y basándome en los mapas que tenía en la cabeza convenzo a Oswaldo para subir, y mal encaminados no íbamos viendo luego el track en el GPS, pero cada vez la niebla estaba más cerrada, y ya nos dimos por vencidos, y mejor que perdernos pues era retirarnos y con tranquilidad comenzamos nuestro descenso a Uripel. Cuando de repente llegamos al Km 5 aproximadamente y nos encontramos a dos chicos con banderines azules, nos preguntaron que si había más gente por ahí perdida, y dijimos que creíamos que no, y nos indicaron un sendero que salía a una carretera y nos dijeron que continuásemos y que nos encontraríamos el recorrido. Yo estaba convencido en no continuar, pero nos miramos, y sin palabras cogimos el sendero, llegamos a la carretera, y por fin vimos a dos corredoras andando, eran las últimas, era el cierre de la carrera. Por delante 35 Km y 250 equipos para adelantar. Quieras o no, remontar te induce velocidad, si hicieran un estudio seguro se demostraba que vas más rápido que en circunstancias normales: Primero tienes que atacar para mejorar tu posición, segundo tienes que realizar pequeños esprintes para poder avanzar.

700 corredores del Ultra y 498 de la nuestra hicieron que el camino fuera un verdadero suplicio, resbalar, hundirse, caerse. Yo por suerte calcé una de las mejores zapatillas que he tenido, La Sportiva Q-Lite que agarran de una manera brutal y tienen mucha más estabilidad que, por ejemplo, las Speedcross. En cambio Oswaldo llevaba unas zapatillas con poco taqueado, y sus descensos eran más similares a los de un pato resbalando en aceite que los de un Trailrunner. Si soy sincero no recuerdo mucho el recorrido de esta etapa, los kilómetros pasaban tan rápido como mis fuerzas iban deteriorándose. Sé que atravesamos bosques de haya enfangados, sé que el barro me rebosaba, sé que adelantábamos a mucha gente, que siempre parecía que había más gente por adelantar. Así hasta que llega un momento que cada vez es más difícil adelantar, los ritmos cada vez son más parecidos. Llegamos a la última subida, muy dura, 400 positivos en apenas 1,5 kilómetros que ascienden hasta un pico que custodia Baigorri. Tengo ritmo porque hay que terminar la etapa, acabamos de dejar el kilómetro 30 de la carrera pero nosotros llevamos 36. Hacemos cumbre y comenzamos un descenso por un pedregal, una pedrera mojada y embarrada, en la que hasta los primeros caminaban. Faltan 8 para meta y oímos un petardo que indica que los primeros han llegado a meta. Nos queda un tramo muy jodido, el barro y la pendiente hacen que te la juegues un poco. Baigorri huele a lo lejos, y seguimos bajando. Otra vez los corredores de la corta, adelantamientos, riesgo, adrenalina, y finalmente asfalto. Todo lo rápido que pudimos hasta que con 6 horas y 9 minutos completamos los 40 Kilómetros oficiales, o los 46 que hicimos nosotros, así como el desnivel que llegaba hasta los 2.600 positivos y 2.900 negativos. Finalmente nos fuimos hasta los duodécimos de la clasificación general, pero con la sensación de que hicimos todo lo que estuvo en nuestra mano, con esa sensación de que arriesgamos salió mal, y aun así continuamos.

Respecto a la pérdida, supimos que una bandera después del Ultra quedo enterrada por el barro, la bandera que indicaba el cruce, también sabemos que Samuel, fue una persona muy inteligente y tenía el Track metido en el GPS por lo que fué extraviarse, colocarlo, y tirar para adelante, por lo que si cuando su sombra se desvaneció en la niebla, todos les hubiéramos seguido, Oswaldo y yo no hubiéramos malgastado 41 minutos de nuestra carrera y 6 kilómetros en buscar una salida.

Una carrera preciosa, a la vez que espectacular, un recorrido muy duro y exigente, por los desniveles y por el terreno. En Ultra hubo muchos abandonos, la climatología por la noche era peor que adversa. El primero invirtió 17 horas aproximadamente y Nerea Martínez llegó en 20 horas en una carrera que me confesó “le ha motivado mucho”.

Los Obaya ganaron en la 2x40, tras finalizar segundos peleando en la última etapa por no perder más de 1 minuto.

No hay fotos, no vimos un solo fotógrafo en todo el recorrido… por lo que … todo quedará en la mente. 

GRACIAS GAIZKA!

 

Texto: Lolo Díez / imagen: David Rodrigo Fhotografhy

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