25/06/2014

El Ultra del Soplao es como un mal café en un bar bonito... por David Cloux

El Ultra del Soplao es como un mal café en un bar bonito... por David Cloux

ULTRA  LOS 10.000 SOPLAO 2014.

Una vez durante un viaje en moto al Gran Premio de Jerez, nos dio por tomar una tapita en Sevilla cerca de la Giralda para reponer fuerzas. Por dos coca colas y unos pescaditos nos “SOPLARON” una pasta gansa y casi me llevo la mesa del garito de la mala host…

En aquellos tiempos aún se pegaban en los circuitos el legendario Mick Doohan y Alex Crivillé. Valentino Rossi era un mocoso que empezaba a despuntar en eso de las dos ruedas y a Jorge Lorenzo, Dani Pedrosa y Pol Aspargaró sus mamás les estaban quitando los pañales. Eran tiempos intensos.  Desayunábamos asfalto, comíamos goma de neumático y  cenábamos un buen plato de curvas bien regado con litros y litros de gasolina por las concentraciones moteras de toda España. Fueron maravillosos  años de aventuras, ruido, cerveza y Rock&Roll…

Está claro que cada uno se gasta la pasta y la gasolina (ahora la suela de las zapatillas) como quiere pero a cambio, espera un “servicio” que cumpla las expectativas. Me compensaba romperme el culo durante horas subido en la moto y llegar a un rugiente circuito lleno de adictos a las motos para pasar un fin de semana en vela inhalando gasolina, aunque de regreso a casa hubiera que parar en la cuneta a dormir un rato para llegar sano y salvo el Lunes a currar de empalmada.  Menudos ultras aquellos…

Mi otra pasión, la montaña, me ha llevado a querer recorrer cada vez más distancia, más y más kilómetros que permanecen en mis retinas cuando ya de noche cierro los ojos.

Tras muchos ultras, me compensa romperme las piernas corriendo valles como los rebecos y rasgar el viento de las cumbres con los brazos abiertos como los halcones.

Me compensa entrenar durante semanas, madrugar y trabajar todo el día para conducir 300 km solo para ponerme en la línea de salida junto a mis amigos. Me compensa correr 126 km casi en autosuficiencia porque a alguien de la organización se le “olvidó” preparar avituallamientos para los corredores, mientras dejaban que nuestra bolsa se perdiera por los bosques de Cantabria dejándonos con lo puesto…

Me hace una “ilusión” tremenda llegar al km 98 por mis medios y no poder beber un poco de agua y no digamos tomar un gél, y el descojono llega cuando me tomo un Espidifen que me encuentro en el suelo en lugar del que tenía preparado en la bolsa.

Pero nada, somos tíos duros, soldados curtidos en mil batallas y nos da igual correr por carretera, comernos la puta pista de piedra y grijo que abrasa las articulaciones o comprobar asombrados la falta de interés de la organización por los corredores…

Nos da igual, nosotros ya estamos en modo ”GO GO GO…”, sólo pensamos en entrar por el arco de meta a toda costa no sin antes ver cómo el poco monte que pisamos, queda sembrado de botellas de agua y refrescos, de embases de geles que toman los andarines, ya me dirás tu para que cojones… porque yo he corrido ya 104 km mendigando a los ciclistas que me cojan uno de sus avituallamientos, a los que yo no tuve acceso durante la noche porque estaban CERRADOS ¡¡¡

Me compensa entrar en meta y tomarme una bien ganada cerveza para olvidarme que me perdí de noche durante hora y media a causa del marcaje o del abandono de los residuos de de los andarines por el monte. Me “encanta” tener que sacar por Internet un frío diploma de “Finisher” y si quieres la camiseta o una foto para que tu hijo te vea victorioso…pasa por caja. Me compensa la experiencia y el sacrificio porque me reporta un conocimiento y una conclusión:

El Ultra del Soplao es como un mal café en un bar bonito. Todo el mundo se pega por ir para ver el paisaje y la decoración, dicen maravillas del ambiente y de la música pero luego te ponen el café aguado, la leche fría y la decoración y el paisaje los vés de lejos.  Si quieres una cuchara para revolver el azúcar, que te la llevas tú de casa, te “soplan” otros 10€ y luego te quedas a fregar lo que has manchado. Vaya como en IKEA, tú te las apañas y yo te cobro…

Aunque recuerdo con cariño esas aventuras en moto no he vuelto a aquel local en Sevilla donde me “soplaron” la pasta. De esta carrera recordaré a la gente de Cantabria que nos dio agua de sus casas y galletitas saladas de su merienda,  las tortillas de las mujeres de Tojos que pensaron que los corredores también teníamos derecho a comer algo sólido y la cervecita en meta con los amigos que me hace olvidar un mal café en un bar bonito al que no me compensa volver.

 

Ya iré yo a “soplar“ a otro bar…


  

 

Texto e imágenes: David Cloux

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